Alejandro Montes en La Nueva España

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Noelia HERMIDA Alejandro Montes (Langreo 1984) es una persona feliz. No sólo por el éxito que ha cosechado con sus pastelerías deluxe en Madrid, sino porque reparte felicidad con los pequeños bocados de placer que realiza cada día en su obrador. Sus pastelerías Mama Framboise, boutiques con aire francés y productos refinados de alta calidad pero asequibles, se han convertido en cuna de la moda «twee» en la capital. Un concepto que viene de «sweet» -dulce en inglés- y que ha creado un movimiento que supera ya a los llamados «hipster».

Un «twee» es culto, adora los colores pastel, la decoración vintage, la música indie más melosa, y el dulce. Entre sus planes favoritos están desayunar, merendar y hacer un «brunch» rodeado de macarons, croissants artesanos con mermelada casera y «petit fours». Alejandro Montes supo adelantarse a esta moda americana y creó los espacios perfectos para que los «twee» llegaran a Madrid. «Visitar Mama Framboise es una experiencia, es mucho más que venir a comer. Queremos ofrecer productos sencillos y que se consuman en un contexto divertido. Crear algo que marque tendencia», explica.

 

A este treintañero le encantan las manualidades y la gastronomía desde pequeño. «Siempre estaba en la cocina, detrás de mi madre y mi abuela para ver cómo hacían la comida», cuenta. Hasta que empezó el colegio, pasaba las mañanas en la pastelería de unos amigos de sus padres, en Sama. «Se me pegó el olor, el ambiente, las mezclas. A los 14 años ya sabía que quería ser pastelero». Pero no pensaba en ser uno más, quería demostrar que la pastelería es la suma del arte y de la gastronomía. Estudió en Barcelona y hace cinco años decidió montar su primer negocio junto a su socio. «La profesión de pastelero en España está poco reconocida. Queríamos recuperar la presencia de la alta pastelería en el día a día de la gente, como ocurre en otros países europeos. Que una persona pida una tarta de limón con un té para merendar como algo cotidiano».

El libro «Cinco cuartos de naranja», de Joanne Harris, les dio el nombre de su proyecto. «La protagonista, Framboise, repasa sus experiencias desde la infancia y todas están ligadas al dulce. Era lo que buscábamos. Todos tenemos recuerdos ligados a un pastel o a una tarta; queríamos recuperar ese romanticismo». Pese a ser una boutique, optaron por lo tradicional. «La gente tiene que reconocer los productos. Les ofrecemos clásicos pero remasterizados. Jugamos con las texturas, pero no con el aspecto ni el sabor». Sus tartaletas, sus pastelería fresca y sus macarons han alcanzado tal éxito que, además de sus salones en el barrio de Alonso Martínez y en el Centro Gastronómico Platea, situado en el antiguo Teatro Carlos III, en la plaza de Colón; Montes abrirá en marzo un tercer punto de venta en la Terminal 1 del aeropuerto de Madrid Barajas. «Ofreceremos productos de viaje, en un quiosco-tiovivo, con muchas referencias al mundo de Mary Poppins».

Pese a la «demonización» que cree que se ha hecho de la pastelería durante muchos años, ve que la tendencia está cambiando. «La gente viaja más, está pendiente de las redes sociales y sigue los pasos de las modas. Mama Framboise ha conseguido que la pastelería vuelva a ser ‘cool’, que no tiene nada que ver con pijo». Una de sus prioridades es «reducir al máximo las grasas y los azúcares» en sus productos. «Trabajamos a la vista de nuestros clientes, que vean los ingredientes y que valoren el trabajo que lleva hacer un buen pastel». Y lo han conseguido. «Nuestros compradores nos eligen porque quieren gastar bien. Además del dulce, hay una música, un ambiente, una decoración que te hacen más placentero el placer».